“¿Qué hago si ya no me emociona algo que antes sí?”. Quizás esta pregunta ronde tu cabeza al darte cuenta de que, poco a poco, ese pasatiempo que tanto te gustaba ya no te ilusiona, o que esa actividad que te llenaba hoy se siente lejana. Y puede desconcertarte ver cómo lo que antes brillaba se apaga con el tiempo.
No te sucede solo a ti. En la vida, es normal pasar por etapas en las que la chispa se atenúa, y no significa que perdiste tu capacidad de disfrutar. A veces estamos cansados, sobrecargados, pasando por duelos o viviendo situaciones dolorosas que nos quitan energía. Lo importante es entender que esta sensación tiene una explicación y que hay formas de volver a conectar con el entusiasmo.
¿Por qué dejamos de emocionarnos?
La rutina suele ser uno de los principales culpables: repetir siempre lo mismo le resta sorpresa a lo que antes disfrutábamos. La presión por rendir o alcanzar expectativas también puede convertir una pasión en una carga. Y, claro, el estrés, las nuevas responsabilidades o los cambios en lo que valoramos pueden hacernos perder interés en ciertas actividades o personas.
En algunos casos, esta falta de ilusión se acerca a lo que en psicología se llama anhedonia, es decir, la dificultad para sentir placer o entusiasmo por lo que antes nos hacía felices. No siempre significa que haya un trastorno detrás, pero puede ser una señal de que nuestro cuerpo y mente necesitan descanso, autocuidado o incluso ayuda profesional.