Náufrago 3 Años Sin Rescate Halló Iceberg En Isla Remota—Vio Avión En Hielo Con 160 Pasajeros

Fue silencio, los motores se apagaron, las luces parpadearon y luego nada. Cristóbal estaba en el puente revisando cartas de navegación. Escuchó a los marineros gritar. En su experiencia, los gritos en un barco significaban dos cosas: pánico controlado o pánico real. Esto era lo segundo. Subió a la cubierta. Lo que vio lo detuvo en seco. A babor.

Una tormenta de proporciones imposibles se aproximaba. Pero no era una tormenta normal. Era como si una mano de Dios estuviera arrancar la atmósfera. Olas de 30 m, viento que retorcía el acero. Y justo en el centro del caos, una corriente oceánica anómala que jalaba al crucero hacia aguas desconocidas. Todos a los botes salvavidas. gritó Cristóbal. Su voz de capitán resonó en la cubierta.

Había entrenado para esto, pero el entrenamiento nunca prepara tu corazón para el momento real. Los pasajeros corrieron, unos lloraban, otros rezaban. Una mujer abrazaba a su hijo con tanta fuerza que parecía querer fusionarse con él. Cristóbal coordenó el evacuación. Bote tras bote descendió al agua turbulenta.