¡MEGA TOPONAZO de 2 HORAS de la MARINA al CJNG con 10 BLINDADAS decomisadas en URUAPAN!

Perder 10 unidades en un solo operativo significa que el cártel pierde capacidad inmediata para sostener enfrentamientos, para moverse con seguridad, para proyectar poder. El impacto económico es brutal. Cada vehículo blindado cuesta entre 50,000 y $100,000. medio millón a millón de dólares solo en las unidades. El arsenal de comisado, más de 30 armas de alto poder, tres barret calibre 50, lanzagranadas, agrega varios cientos de miles más.

Pero más allá del dinero está el tiempo y los recursos para conseguir, modificar y equipar estos vehículos. Requiere talleres clandestinos, proveedores de blindaje, armeros. Es una inversión considerable que el CG acaba de perder en una sola noche. Y luego están las implicaciones estratégicas. Uruapan es una de las zonas más importantes de Michoacán por dos razones. Primera, el aguacate.

Uruapan es uno de los principales productores mundiales, miles de millones de pesos anuales. El CJNG ha encontrado en la extorsión a productores una fuente constante de ingresos. Las cuotas semanales pueden alcanzar decenas de miles de pesos. Quien controla Uruapan controla esa mina de oro. Segunda, las rutas.

Las carreteras conectan la costa michoacana con el interior del país. El puerto de Lázaro Cárdenas es fundamental para el ingreso de precursores químicos desde Asia. Controlar esos corredores es una ventaja competitiva crucial. Por eso el CNG mantiene presencia en 110 de los 113 municipios de Michoacán, por eso está dispuesto a invertir millones de dólares en vehículos blindados y arsenales masivos.

Este operativo ocurre apenas 4 días después de que iniciara el operativo Paricutín. 1980 elementos desplegados para recuperar el control de Michoacán. El convoy muy probablemente se dirigía a establecer posiciones defensivas antes de que la presión militar se intensificara. Pero lo que logra es evidenciar su presencia y perder una fuerza de combate completa.

Uruapan ha registrado más de 80 homicidios este año, 80 familias destruidas, 80 razones por las que el Estado debe recuperar el control. Ahora, déjenme explicarles exactamente cómo se desarrolló este operativo. Son las 4 de la mañana del viernes 15 de noviembre. La oscuridad total cubre las brechas de terracería en las afueras de Uruapan.

Elementos de la Secretaría de Marina realizan patrullajes de reconocimiento como parte del operativo Paricutín. Fuerzas especiales navales, entrenamiento de élite, equipamiento de punta. Los elementos transitan por caminos rurales cercanos a San Miguel Charaén cuando detectan algo inusual. Un convoy de vehículos que se desplaza sin luces por brechas de terracería en plena madrugada.

Los elementos deciden interceptar el convoy para realizar una revisión de rutina, procedimiento estándar, pero cuando se acercan, la respuesta no es la esperada. Los ocupantes responden con fuego de armas de alto calibre. No son ráfagas aisladas, es fuego sostenido, intenso. Las ametralladoras montadas comienzan a escupir balas.

Los fusiles AK47 y AR15 iluminan la oscuridad con sus fogonazos. Los elementos de la marina responden desde posiciones tácticas. Es un enfrentamiento entre fuerzas entrenadas. Los icarios tienen números y potencia de fuego, pero los elementos navales tienen entrenamiento superior, disciplina táctica y coordinación operativa.

El sonido de las detonaciones resuena por toda la región serrana. Las ráfagas rebotan entre las montañas. El eco multiplica el sonido. Testigos reportan que las detonaciones resuenan durante más de 2 horas consecutivas. 120 minutos de tracatera constante. Familias enteras se resguardan mientras la balacera se desarrolla a escasos kilómetros de sus hogares.

Cierran puertas, apagan luces. Son protocolos que ya conocen demasiado bien. Mientras el enfrentamiento continúa, los elementos de la Marina establecen un cerco táctico. No es solo una persecución, es una operación calculada para cortar todas las rutas de escape. Helicópteros artillados comienzan a sobrevolar la zona.

Aeronaves equipadas con sistemas de vigilancia nocturna pueden detectar movimientos en la oscuridad. Cada intento de dispersión es rastreado desde el aire. Los sicarios, tras verse superados, toman una decisión desesperada. abandonar los vehículos e intentar huir a pie hacia las zonas boscosas que conocen. Aproximadamente 40 elementos armados logran escapar a pie, pero dejan atrás millones de dólares en vehículos blindados y armamento, porque lo que quedó abandonado no era un simple convoy, era una fuerza de combate

completa del cártel Jalisco Nueva Generación. Cuando amanece, el hallazgo supera cualquier cálculo inicial. 10 vehículos blindados quedan abandonados, 10 unidades completas que representan una inversión masiva. Las unidades incluyen Suburban, RAM y Silverado, pero no son camionetas comunes, son máquinas de guerra transformadas para el combate.

Cada vehículo tiene blindaje artesanal con placas de acero soldadas, modificaciones que convierten una camioneta civil en un monstruo, vehículos diseñados para resistir impactos y seguir operando. Varios tienen ametralladoras montadas, no son vehículos de transporte, son plataformas móviles de fuego y luego está el arsenal.

Cuando los peritos comienzan a revisar, el inventario es impresionante. Más de 30 armas de alto poder, fusiles AK47 y AR15, las armas estándar de los grupos criminales en México. Pero ahí no termina la lista. Tres fusiles Barret calibre 50 de uso antimaterial. Un Barret calibre 50 no es un arma para enfrentamientos comunes.

Es un rifle de francotirador de largo alcance diseñado para uso militar contra vehículos ligeros. puede perforar blindaje ligero a distancias superiores a 10000 m. Que el CJNG tenga tres de estos rifles en un solo convoy nos dice que tienen acceso a armamento de nivel militar y que están preparándose para enfrentamientos de alta intensidad.

También se encuentran lanzagranadas, armas capaces de disparar proyectiles explosivos y miles de cartuchos de diferentes calibres. Suficiente munición para enfrentamientos prolongados. Este no es el arsenal de una célula promedio. Este es el arsenal de una fuerza de combate preparada para guerra territorial. El decomiso total supera fácilmente el millón de dólares.

Pero más allá del valor monetario está el valor operativo. Estos vehículos y armas no se reemplazan de un día para otro. Requieren talleres clandestinos, proveedores, armeros, rutas de tráfico, requieren tiempo, logística y una red de contactos que no se reconstruye fácilmente. Las fuerzas federales coordinan el traslado, gruvas especiales transportan las unidades blindadas.

El armamento es documentado pieza por pieza. Cada arma es evidencia que puede vincularse con otros casos. Durante las horas posteriores, la presencia militar se intensifica. Convoyes de la Marina y el ejército establecen retenes en los principales accesos. La carretera que conecta con Lombardía permanece cerrada durante horas.

San Miguel Charauén y poblados aledaños viven horas de tensión. Los comercios permanecen cerrados. El transporte público suspende operaciones. Es el precio que paga la población civil. Pero mientras la población se resguarda, algo más está ocurriendo a nivel estratégico, porque el mismo día del operativo, los máximos responsables de la seguridad nacional están llegando a Uruapan.

El mismo viernes, apenas horas después del enfrentamiento, tres figuras clave están llegando a Uruapan. Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, el secretario de la defensa nacional y el secretario de Marina, los tres máximos responsables de la estrategia de seguridad del país.

Esta no es una visita de rutina, es una respuesta inmediata, es una declaración política. Es un mensaje estratégico tanto al crimen organizado como a la población de Michoacán. El despliegue de seguridad es considerable. Para acceder al aeropuerto es necesario pasar por cuatro filtros de seguridad, cuatro puntos de control donde se revisan vehículos y se verifican identidades.