MADRE HUMILDE CONSUELA A UN NIÑO LLORANDO… SIN SABER QUE SU PAPÁ MILLONARIO LA ESTABA MIRANDO…

Madre humilde ayuda a pequeño que llora mientras carga a su hijo, sin saber que su papá millonario estaba mirando. “Y no llores, mi amor, ya pasó”, susurró Esperanza mientras acariciaba el rostro mojado del niño desconocido. “¿Cómo te llamas, ma?” Mateo sollyosó el chico de 12 años temblando bajo la lluvia torrencial que azotaba las calles del centro de Bogotá.

Esperanza ajustó a su bebé Santiago contra su pecho con una mano y con la otra quitó su chaqueta empapada para cubrir los hombros del niño. Sus propios labios estaban morados del frío, pero no dudó ni un segundo. ¿Dónde están tus papás, Mateo? Preguntó con voz dulce, protegiéndolo con su cuerpo mientras buscaba refugio bajo el toldo de una tienda.

Mi papá, mi papá siempre está trabajando, murmuró el niño. Me peleé con Joaquín, el chóer, y me bajé del carro. No sé dónde estoy. A unos metros de distancia, desde la ventanilla tintada de un BMW negro, Ricardo Mendoza observaba la escena con el corazón en la garganta.

Había pasado los últimos 30 minutos recorriendo las calles después de la llamada desesperada del colegio. Su hijo se había escapado otra vez. Pero lo que veía lo dejó sin palabras. Una mujer joven, claramente de pocos recursos por su ropa sencilla y desgastada, consolaba a Mateo como si fuera su propio hijo. Cargaba un bebé que no podía tener más de 6 meses y aún así había dado su única protección contra la lluvia a un niño desconocido.

“Mira, tengo unas empanadas que sobran ronde hoy”, dijo Esperanza sacando una bolsa de papel de su morral. “Están un poquito frías. Pero te van a caer bien. ¿Tienes hambre? Mateo asintió y aceptó la empanada con manos temblorosas. Hacía años que nadie lo cuidaba así con esa ternura sencilla y genuina. “Está deliciosa”, murmuró entrebocados.