Harfuch INTERROGA al Cerebro del Asesinato de Manzo y REVELA Quién Ordenó Matarlo

Justo cuando el tirador está a 3 m, le abre paso directo hacia donde Mansu se agachaba con Dylan en su cuello. Eh, el licenciado reconoció al hombre inmediatamente, Sergio Pantoja, su contacto dentro de la logística que cobró 15,000 pesos por estar en esa posición y abrir las vallas en el momento indicado. Sergio trabajaba para la empresa contratada por el Ayuntamiento.

fue el operador quien lo reclutó dos semanas antes y supuestamente no sabía que facilitaba un asesinato. Le dijeron que que debía abrir paso para que un cliente especial se acercara al alcalde, pero cuando abrió esas vallas, firmó su participación en homicidio calificado. Y aquí viene lo que la comunidad vio, pero nadie quiso investigar oficialmente.

Después del asesinato, vecinos de la plaza comenzaron a hablar entre ellos, a compartir lo que vieron. Un taxista declaró que días antes del festival vio a Sergio Pantoja reunirse en un café con dos hombres que él reconoció como operadores del CJNG que trabajan en la zona.

Una mesera del mismo café confirmó que escuchó fragmentos de la conversación donde mencionaban el evento del día de muertos y asegurar que todo fluya. Un comerciante de la plaza dijo que la mañana del festival vio a Sergio probando físicamente cómo se abrían las vallas, como ensayando. Toda la comunidad sabía que algo raro pasaba, pero nadie dijo nada por miedo.

Eh, después del asesinato, ese miedo se convirtió en culpa colectiva. En el funeral de Manso, vecinos lloraban diciendo que pudieron haber advertido, que vieron señales, pero se quedaron callados. Esa culpa es lo que explotó cuando llegó el gobernador. Puse sobre la mesa los estados de cuenta bancarios completos que habíamos obtenido mediante orden judicial.

Ahí estaban documentados los depósitos que cambian toda la narrativa del caso. 20,000 pesos depositados en efectivo el 28 de octubre en la cuenta de un asistente administrativo del Ayuntamiento con acceso a la agenda del alcalde. 15,000 pesos transferidos el 30 de octubre a la cuenta de Sergio Pantoja, el hombre del chaleco naranja.

otros 15,000 fraccionados en tres depósitos a nombre de un elemento de seguridad del círculo cercano de Manso y el pago más significativo eh 50,000es depositados el 29 de octubre en una cuenta empresarial fantasma registrada en Morelia que funciona como fachada para lavar pagos del crimen organizado hacia operadores políticos.

El licenciado admitió que sus depósitos formaban parte esencial de la operación, canalizados por el operador usando dinero del cártel Jalisco, mezclado con recursos desviados de programas sociales estatales. No eran cantidades millonarias, pero bastaban para comprar silencios, abrir vallas y filtrar información que costó una vida.

Cada peso depositado compró un pedazo de la traición que asesinó a Carlos Manso. Y entonces llegó el momento que iba a cambiar la dimensión política del caso. Le pregunté quién estaba arriba del operador, quién daba las órdenes finales que permitieron que el esquema de protección fallara simultáneamente. El ambiente cambió.

El licenciado dejó de llorar. Me miró directamente calculando si lo que iba a decir lo salvaría o condenaría. Pasaron 60 segundos de silencio absoluto y entonces soltó lo que nadie quería escuchar. Dijo que la orden de flexibilizar el perímetro vino de gente del círculo más cercano al gobernador Alfredo Ramírez Bedoya. mencionó llamadas entre el operador y un coordinador de seguridad estatal que reporta directo al gobernador.

Dijo que en una conversación que él escuchó en altavoz, eh el coordinador expresó textualmente que debían permitir que las cosas fluyeran naturalmente esa noche, refiriéndose a relajar protocolos alrededor de Manso, el licenciado respiró hondo y agregó algo que me dejó helado. El gobernador sabía exactamente lo que iba a pasar esa noche.

No solo lo permitió, lo facilitó. Le exigí pruebas. Respondió que el operador tiene grabaciones de al menos tres conversaciones donde se menciona explícitamente al gobernador Ramírez Bedoya, autorizando que la seguridad de Manso se flexibilizara, pero había más. Con esa confesión el caso explotó. Ya no era solo el CJNG contra un alcalde.

El chat mostraba sicarios, los celulares mostraban coordinadores, los depósitos señalaban operadores financieros y el testimonio apuntaba al despacho del gobernador. Teníamos una estructura donde las órdenes bajaban desde el poder político más alto de Michoacán y se ejecutaban con siete balazos en plaza pública. Pero faltaba algo más.

Le dije al licenciado que necesitaba que la gente entendiera la magnitud de esto. Le mostré las fotografías del funeral de Carlos Manso, miles de personas llenando las calles de Uruapan, llorando, gritando. Y entonces le mostré el video del momento en que llegó el gobernador Ramírez Bedoya a la funeraria. Lo que pasó ahí confirmó que toda la comunidad ya sabía la verdad.

Cuando el gobernador apareció en la puerta, explotó furia colectiva incontenible. Este, cientos de voces gritaban simultáneamente, “Asino, tú lo entregaste, vendiste a Manso, al narco, ¿cuánto te pagó el CJ en G?” Una señora mayor se le plantó enfrente llorando, diciéndole que él permitió que lo mataran cuando Manso pidió protección.