En 1972 Turistas Desaparecieron en Montaña—40 años Después Hallan Diario en Frasco Junto Árbol!

Como resultado, toda la historia se redujo a un lamentable pesar por el hecho de que en los años 70 los turistas desaparecidos no tuvieran ninguna posibilidad real de salvarse. El diario fue su último grito de auxilio, pero solo llegó a oídos de la gente 40 años después.

El cazador que encontró la lata escribió una sencilla inscripción en una pequeña cruz de madera que colocó junto al lugar del hallazgo. Perdón por no haber podido ayudarles. A veces iba allí reflexionando sobre el destino de aquellos desconocidos, imaginando cómo lucharon desesperadamente por sus vidas. Ahora las copias del diario se conservan en un museo local dedicado a la historia de la región montañosa.

Los visitantes pueden leer las hojas impresas, aunque algunas palabras siguen siendo ilegibles. La administración del museo ha colocado un cartel. No intenten interpretar cada palabra. Muchas frases han sido destruidas por la humedad. Lo importante es comprender el sentido general. Estas personas se enfrentaron a algo terrible y no pudieron escapar.

Algunos escolares vienen de excursión y se les habla de la importancia de la seguridad en las excursiones, de lo importante que es informar a los familiares de dónde se va y de que incluso una ruta sencilla puede deparar sorpresas. Por supuesto, ahora la situación es diferente, pero las lecciones del pasado siguen siendo válidas. Los familiares, tras leer las últimas palabras del diario, organizaron una pequeña ceremonia en su memoria.

Para ellos fue un encuentro difícil, pero en cierto sentido les dio respuestas. Se dieron cuenta de que los desaparecidos no murieron inmediatamente, sino que pasaron por un cruel cautiverio. Y eso es quizás aún más terrible que una muerte instantánea al caer en un barranco.

Tuvieron que enfrentarse a desconocidos, sentir la desesperanza y reflejarlo en su nota. Así esperaban que alguien descubriera la verdad algún día. La ceremonia se celebró al pie de la montaña en uno de los miradores. Se reunieron los sobrinos lejanos y los nietos de sus familiares. Recordaron a la pareja que había permanecido joven, ya que habían pasado 40 años desde su desaparición.

Nadie sabía cuál había sido su destino, pero el diario indica que no creían en la posibilidad de ser rescatados. Pasado algún tiempo, los periodistas intentaron investigar, rebuscaron en los archivos de los años 70, buscaron datos sobre sucesos extraños, pero no apareció nada significativo. En esos lugares no había casos penales importantes relacionados con el secuestro de turistas.

Podría haber sido un episodio local que nunca se registró si los delincuentes no fueron capturados. No se descarta que la pareja desaparecida fuera la única víctima. o simplemente fueron los primeros de los que se supo. Algunos teorizaron que tal vez había otros, pero que no habían dejado diarios. Estas teorías no se pueden confirmar ni refutar, son solo suposiciones.

Así, 40 años de silencio terminaron con el hallazgo del diario en un frasco de cristal en la cima o más precisamente en la zona de la ladera superior. Según el cazador, el frasco estaba bien cerrado, por lo que la mayor parte del texto se conservó intacto. Lo entregó a la policía y posteriormente todo el material fue a parar a manos de los expertos y luego al museo.

El frasco y los fragmentos de cartas se expusieron en una vitrina aparte. Los visitantes miran, leen y preguntan, “¿Cómo es posible?” La respuesta es sencilla. A veces la vida se desarrolla de tal manera que las personas caen en una trampa de la que no pueden escapar debido a personas crueles que el mundo nunca conocerá.

Pueden vivir aisladas, construir refugios secretos y temer cualquier presencia. Y si por casualidad aparecen turistas en su camino, todo acaba en tragedia. Al final de ese diario, en la última página, antes de la terrible frase, se conservan varias líneas escritas apresuradamente, como si se hubieran garabateado.

Allí se menciona que oyen pasos, que alguien se acerca. El autor teme que ahora les quiten todo y que intenten enterrar la lata antes de que nadie los vea. Quizás lograron distraer a los secuestradores diciendo que iban a buscar agua o leña. En ese momento escondieron los escritos.

Esto explica por qué no pudieron describir con detalle quiénes los habían secuestrado. No tuvieron tiempo o quizá temían que lo leyeran todo y lo destruyeran. Enterraron la lata y la cubrieron con tierra y hojas. Las palabras de despedida están escritas con temblor. Si leéis esta nota es que ya no estamos vivos. Esta frase transmite una sensación de desesperanza.

Sabían que nada los salvaría, pero al menos el diario podría revelar el secreto más adelante. No querían desaparecer sin dejar rastro para que nadie supiera nunca lo que les había pasado. Y tras largas décadas, su última voluntad se cumplió. El diario fue finalmente leído y el mundo supo que no se habían perdido. Les había sobrevenido un terrible destino. Hoy, cuando la gente recorre esos senderos, a veces se recuerda esta historia.

Por supuesto, con el desarrollo de las infraestructuras, la mayoría de las rutas se han vuelto más seguras, se han instalado señales, advertencias y hay GPS. Pero el recuerdo de aquellos terribles acontecimientos hace que muchos sean más cautelosos y comprendan que la naturaleza es solo una de las posibles amenazas.

A veces el peligro proviene de personas que viven al margen de la sociedad. Y si recordamos aquella época, queda claro que nadie está a salvo de encontrarse con grupos ocultos que pueden tener sus propios motivos y métodos. Los rescatistas locales señalan que esta historia es instructiva. Siempre aconsejan, no vayan solos, no vayan sin un plan preciso.

Informen siempre a sus conocidos de cuándo van a volver y preparen un plan de acción en caso de encontrarse con personas sospechosas. Por supuesto, se trata de medidas extremas, pero es mejor ser precavido. Los familiares de las víctimas esperan que no vuelva a ocurrir algo así. han tenido que soportar 40 años de incertidumbre antes de que se aclarara algo.

Y sin embargo, aún no hay claridad definitiva. No hay una respuesta precisa sobre dónde descansan los cuerpos ni sobre lo que ocurrió exactamente en los últimos días de su vida. Solo se sabe que había un frasco con unas páginas, el equipo desaparecido, el miedo y la desesperación plasmados en esos escritos. Así se recuerda esta historia.

En la primavera de 1972 desaparecieron dos turistas que se habían ido a la montaña una semana. Nunca los encontraron. Cuatro décadas después, un cazador se topó por casualidad con un frasco de cristal al pie de un árbol. En su interior había unas hojas húmedas de un diario que describían como unos desconocidos retenían a los turistas.

La última línea decía, “Si leen esta nota es que no estamos vivos, no sabemos quiénes son, nos retienen por razones que desconocemos.” Ahí se cortaba todo. No apareció ningún dato más que permitiera capturar a los criminales o al menos saber quiénes eran. La tragedia ensombreció las tranquilas montañas, añadiéndoles un alo siniestro.

Sin embargo, la vida continúa y la gente sigue acudiendo allí en busca de belleza y aventuras, a veces sin siquiera imaginar los secretos que pueden esconderse en las profundidades de los bosques y los desfiladeros. En la actualidad, la zona cuenta con modernas instalaciones, recibe turistas y acoge festivales y competiciones.

Pero en el panel informativo del Centro de Información Local hay una breve mención al diario encontrado. Cuando los guías cuentan esta historia, muchos no la creen, piensan que es una leyenda, pero luego ven las fotos reales, descoloridas y comprenden que no es un cuento. Solo otra prueba de que no todas las desapariciones en las montañas son consecuencia de la imprudencia o del mal tiempo.

Algunos destinos están decididos por factores invisibles y a veces solo el azar muchos años después permite conocer el triste final como ocurrió con esta pareja. Se fueron a la montaña con sonrisas y planes y regresaron solo en líneas escritas en papel mojado que tardaron 40 años en llegar a los ojos de desconocidos. M.