La policía reabrió los antiguos casos y los archivos sobre la búsqueda. Los padres, que ya habían fallecido, nunca llegaron a saber la verdad, pero quedaban parientes lejanos. Se les preguntó si querían ver el diario. Recibieron la noticia con amargura.
Durante muchos años habían creído que la pareja había muerto en un accidente, pero resultó ser mucho peor. Inmediatamente surgieron rumores sobre bandas salvajes que vivían en las montañas y secuestraban a los viajeros. Pero en 40 años nadie había visto nada parecido. Los guías locales no habían oído hablar de ninguna comunidad clandestina en aquellos lugares, aunque las montañas son bastante extensas. La gente empezó a especular.
Tal vez a principios de los años 70 había allí un grupo de criminales fugitivos o algún tipo de ermitaños que no querían que los turistas los descubrieran. Quizás los mantuvieron cautivos y luego los mataron para evitar que se supiera. En el diario se mencionaba que los secuestradores no tenían un motivo claro, salvo el miedo a ser descubiertos. Pero eso era solo una suposición.
La policía decidió realizar otra inspección en las montañas, pero en 40 años todo podía haber cambiado. Las cabañas se habían quemado y los senderos habían cambiado. Si quedaba alguna construcción, hacía tiempo que estaba cubierta de maleza o había sido derribada por el viento. No encontraron ningún rastro nuevo, ni huesos, ni restos de equipo.
Todo parecía limpio, sin rastro alguno del campamento. Tampoco nadie recordaba la cabaña abandonada que la pareja supuestamente había visto. Solo podían quedar los cimientos de ruidos de una vieja cabaña en el bosque, pero no se sabía dónde. Mientras tanto, querían enviar el diario a los expertos para comprobar su autenticidad.
Un argumento importante a favor de la autenticidad era el tipo de papel, el tipo de tinta, el estilo léxico de los años 70, la mención de fechas reales y nombres de conocidos que coincidían con la información del pasado. El análisis de la composición del papel confirmó que tenía al menos entre 30 y 40 años. La falsificación era poco probable.
Los especialistas conservaron las copias escaneadas e intentaron procesar las páginas con luz ultravioleta para leer más fragmentos del texto. Como resultado, se descubrió que la pareja se había encontrado con dos hombres en el sendero. Estos eran antipáticos y se comportaban de forma extraña. A continuación, había frases que decían que estos hombres ocultaban algo y no querían que se supiera nada de ellos.
Había varias líneas sobre la caseta o la cabaña donde en su opinión podría haber más personas, pero había pocos detalles concretos. Algunos sugirieron que los secuestradores podrían ser exmilitares que se habían ido a vivir aislados o delincuentes fugitivos que se escondían de la ley. En los años 70 sucedían cosas así. Temían que los turistas los denunciaran, por lo que decidieron quitarles el equipo y retenerlos.
Pero entonces, ¿por qué los mataron? Era más fácil echarlos. Quizás hubo un conflicto. Tal vez los turistas se resistieron y todo terminó en tragedia. De una forma u otra, hace 40 años este grupo, si es que existió, debía haber desaparecido. O se fueron a otro lugar o murieron.
Esto explicaba por qué durante todo este tiempo nadie más se había encontrado con algo similar. El momento en que la pareja pudo grabar y esconder el diario también suscitaba muchas preguntas. Al parecer se les concedía al menos cierta libertad, ya que de lo contrario difícilmente habrían podido encontrar tiempo para escribir.
Probablemente los secuestradores no sospechaban que les dejarían papel y bolígrafo o pensaron que nadie encontraría esos escritos. Quizás no sabían que los turistas llevaban un diario consigo. Los autores escribieron que tenían que tomar notas a escondidas poniendo otra página al sol para que la tinta se secara más rápido. Así es como pensaban enterrar la lata. Después podían haber elegido un recipiente de vidrio de sus propias provisiones.
Los turistas suelen llevar consigo pequeños frascos para especias o té. O tal vez los ladrones dejaron algo en la cabaña donde pudieron esconder las hojas. Enterraron el frasco bajo un árbol guiándose por las indicaciones de la última hoja dibujada. El hecho de que el frasco fuera encontrado en 2012 puede considerarse una suerte increíble.
El lugar en la ladera no era un sendero muy frecuentado por turistas o cazadores, ya que no hay arrallas ni zonas especialmente propicias para la casa. Al parecer, la nota de la última hoja donde se mencionaba el árbol no ayudó a los buscadores de los años 70, ya que entonces no tenían esas hojas y no había nada que llamara la atención en el lugar.
En 40 años la tierra podía haberse desplazado, las raíces del árbol podían haberse extendido y las piedras podían haberse deslizado. El hecho de que un cazador tropezara accidentalmente y removiera la tierra fue la única razón por la que el diario vio la luz. Ahora que se conocen estos fragmentos, la historia se ha visto envuelta en numerosas especulaciones.
Llegaron al pueblo periodistas que querían hacer sensacionalismo. En algunos sitios se escribió sobre secuestradores místicos, rituales secretos y comunidades prohibidas en las montañas, pero las mentes más sensatas comprendieron que se trataba más bien de un grupo de personas que habían elegido la soledad y temían cualquier presencia extraña.
Por eso decidieron tomar medidas drásticas. No quedó ningún rastro de los secuestradores. La policía volvió a revisar los archivos de los años en que pudo haberse producido la fuga de la prisión, pero no encontró coincidencias. Tampoco se encontró ninguna referencia a bandas armadas que operaran en la zona, solo rumores sin confirmar.
Mientras tanto, los familiares de los desaparecidos se llevaron consigo las copias escaneadas del diario para conservarlas como recuerdo. Las hojas físicas permanecieron en manos de los expertos, ya que constituían una prueba material. En teoría, el caso seguía abierto, pero de facto ya era imposible resolverlo. No se conservaban ni los cuerpos, ni otros bienes, ni indicaciones precisas sobre el posible paradero de los restos humanos.
No hay tumbas ni indicios de que alguien viera a los secuestradores llevarse a la pareja montaña arriba o montaña abajo. Del diario solo se desprende que siguieron juntos, que no se separaron hasta el final. El hombre escribía que temía por su esposa y que intentaba mantenerla moralmente.
En una de las entradas, la mujer se lamentaba de que no volverían y de que sus seres queridos las estarían esperando. Decía que intentaría esconder el diario para que algún día la gente supiera la verdad. Y así, 40 años después, esas palabras se hicieron realidad. Tras la repercusión de la noticia, algunos turistas y entusiastas locales organizaron expediciones privadas.