Era su forma de decir que el cariño era recíproco. “Carmen está embarazada”, susurró Diego en la oreja del caballo. “Todavía no se lo hemos dicho a nadie, pero quería que fueras el primero en saber.” Relámpago pareció entender la importancia de la información. Sus orejas se movieron y emitió un relincho bajo, casi como si estuviera aprobando la noticia.
Si es niño, le vamos a enseñar a montar en ti. Si es niña, ella también va a aprender. No va a haber diferencia aquí. La idea de una nueva generación creciendo en el rancho, aprendiendo valores de respeto y compasión a través de los caballos, llenaba a Diego de esperanza. Había descubierto que su verdadera vocación no era solo entrenar animales, sino formar personas.
Cuando regresó a la fiesta, encontró a Carmen conversando con Mendoza sobre los planes de expansión del rancho. Querían construir una arena cubierta para poder entrenar aún durante la temporada de lluvias. Diego llamó Mendoza cuando lo vio acercarse. Ven acá, estábamos hablando del proyecto nuevo.
¿Qué proyecto? Queremos crear un centro de rehabilitación para caballos maltratados. explicó Carmen con los ojos brillando de entusiasmo. Un lugar donde animales como Relámpago puedan recuperarse y encontrar nuevas familias. La idea era ambiciosa, pero Diego sabía que era posible. Habían logrado cosas que parecían imposibles antes.
¿Por qué no podrían conseguir esa? También tendría espacio para cuántos caballos? Inicialmente unos 15, respondió Mendoza. Pero si funciona, podemos expandir. ¿Y de dónde saldría el dinero? Parte yo la invierto. Parte la conseguimos con socios y donaciones. Ya hablé con algunos ganaderos de la región y todos aceptaron ayudar. Diego miró alrededor de la fiesta, viendo a todas esas personas que se habían convertido en su familia y sintió que estaba viviendo un sueño.