El Cartel CJNG Invadió Una Cantina — Jamás Imaginaron Quién Era El Cantinero

Mario limpia la barra con su trapo, el mismo gesto que ha repetido miles de veces en 19 años. Porque ustedes no son diferentes de quien yo fui, y porque si los mato, mi hija eventualmente se enterará. Los periódicos escribirán sobre el tiroteo, investigarán, descubrirán quién soy. Todo lo que construí en estas dos décadas se derrumbará. Prefiero evitar eso.

El sicario gordo con la cicatriz se sienta en una de las sillas. Parece agotado. ¿Tu hija realmente no sabe nada? Mario niega con la cabeza. Nada. Le dije que trabajé en construcción, que ahorré dinero durante años, que su madre murió en un accidente de auto. Todas mentiras, pero mentiras necesarias. Ella creció creyendo que su padre era un hombre honesto.

Se graduó de la universidad, se convirtió en doctora, salva vidas. Es todo lo opuesto a lo que yo fui. Esa es mi redención. El sicario delgado con tatuajes de calaveras pregunta, “¿Alguna vez quisiste decirle la verdad?” Mario llena su propio caballito, lo observa contra la luz tenue de la cantina cada día, pero la verdad destruiría todo.

Me odiaría, cuestionaría cada recuerdo de su infancia. Se preguntaría si alguna vez la amé solo estaba tratando de limpiar mi conciencia. No puedo hacerle eso, así que cargo con el secreto. Es mi peso, no el de ella. El comandante se levanta, camina hacia las armas que Mario colocó sobre la mesa, toca la Glock 17. ¿Cuántas personas mataste con esta? Mario responde sin emoción. 18.

Entre 2003 y 2005. La última fue un comandante del cartel del Golfo en Nuevo Laredo. Después de ese trabajo decidí retirarme. Fue demasiado. Él tenía una foto de sus hijos en su cartera. La vi después. Tres niños probablemente crecieron sin padre por mi culpa. El sicario joven con acné se limpia lágrimas de los ojos.

Yo tengo un hijo, 2 años. Su madre no sabe que trabajo para el CJNG. Piensa que vendo autos, Mario asiente. Entonces, sal mientras puedas, antes de que sea demasiado tarde, antes de que tu hijo crezca y descubra quién eres, antes de que te maten o te encarcelen.

Hay otras formas de ganar dinero más difíciles, sí, pero no te destruyen el alma. El comandante regresa a la barra. No es tan simple. Una vez que entras, no sales. El cartel no deja ir a su gente, lo sabes. Mario sirve otra ronda. Yo salí, negocié, ofrecí algo que valía más que mi vida, mi silencio. Ustedes también tienen información valiosa, rutas, contactos, operaciones.

Pueden negociar o pueden desaparecer, cambiar de identidad, irse a otro estado, a Estados Unidos, a Centroamérica. Es posible, difícil, pero posible. El sicario gordo ríe amargamente. Hablas como si fuera fácil empezar de nuevo. Tengo 40 años. No tengo educación. No tengo habilidades legales. ¿Qué voy a hacer? ¿Trabajar en un Oxo por 120 pesos al día? Mario lo mira con comprensión.

Yo tampoco tenía habilidades legales. Aprendí a administrar una cantina. Tomó tiempo, cometí errores, perdí dinero los primeros dos años, pero sobreviví. Y cada noche que cierro esta cantina sin haber matado a nadie, es una victoria. El ambiente en la cantina ha cambiado completamente.

Ya no hay amenazas, ya no hay armas apuntadas. Solo hay siete hombres bebiendo tequila, compartiendo verdades incómodas en la madrugada. El comandante mira su reloj. Son las 12:43. Llevamos aquí una hora y media. Mi jefe va a llamar pronto preguntando por resultados. Mario saca una libreta vieja de debajo de la barra, escribe durante 2 minutos, arranca la página, se la da al comandante. Aquí están los detalles.

El chivo murió el 15 de marzo de 2014 de cáncer de pulmón en Culiacán. Está enterrado en el cementerio Jardines de Lumaya, sección B, tumba número 234. Su nombre real era Mario Soto, 63 años, sin familia. El funeral fue privado, solo asistieron tres personas. ¿Puedes verificar todo esto? Los registros existen porque yo los creé hace 10 años por si acaso.

El comandante lee la nota, la dobla, la guarda en su bolsillo. Estamos llegando al momento más intenso de esta historia. Lo que sucederá en los próximos capítulos cambiará todo. Pero antes de continuar, quiero que pienses, ¿crees que el comandante cumplirá su palabra o regresará con más sicarios para terminar el trabajo? ¿Puede un hombre como el chivo realmente encontrar paz? Sigue con nosotros porque lo que viene te dejará sin aliento.

El comandante guarda la nota y extiende su mano hacia Mario. Trato hecho. Le diré a mi jefe que el chivo está muerto. Tú sigues con tu cantina. Nosotros seguimos con nuestras vidas. Mario estrecha su mano. El apretón es firme. Hay un entendimiento silencioso entre dos hombres que conocen la violencia íntimamente. El comandante hace un gesto a sus hombres. Vámonos.

Los cinco sicarios se levantan, caminan hacia la puerta, pero entonces el sicario delgado, con tatuajes de calaveras se detiene. Se voltea. Esperen, hay un problema. El comandante frunce el seño. ¿Qué problema? El sicario señala hacia la calle a través de la ventana. Afuera hay tres camionetas. No son nuestras, acaban de llegar.

Mario camina hacia la ventana. Mira con cuidado. Ve tres camionetas negras estacionadas frente a la cantina. Hombres armados bajan. Cuenta rápidamente. 12 sicarios mejor armados que los seis que están dentro. El comandante maldice en voz baja, saca su teléfono, marca. Nadie contesta marca otro número tampoco. Nos traicionaron.

Alguien le dijo a otra célula que encontramos a el chivo. Vinieron a robarnos el crédito. Mario se aleja de la ventana. Su expresión es calmada, pero sus ojos están calculando. ¿Quién es el comandante de esa célula? El sicario gordo responde, el verdugo, 38 años, exmilitar, eliminó a 40 personas el año pasado. Es brutal, no negocia. Mario asiente lentamente.

Entonces, tenemos un problema compartido. Si el verdugo entra aquí, nos mata a todos. A ustedes por traidores, a mí por ser quien soy. El comandante mira las armas sobre la mesa. No son suficientes. Somos siete contra 12 y ellos tienen fusiles de asalto, granadas, chalecos antibalas.

Mario camina hacia la puerta trasera, la cierra con llave. Cierra también la puerta principal. No necesitamos más armas, necesitamos ventaja táctica. Los sicarios lo miran sin entender. Mario señala alrededor de la cantina. Este es mi territorio. Conozco cada centímetro. La puerta principal es la única entrada visible. Pero hay tres puntos débiles.