Su empresa se había fundado sobre principios de respeto y trato justo, valores que parecían haberse perdido en algún lugar del camino. Terminó su café y se dirigió nuevamente hacia el mostrador, donde Beatriz atendía a otros empleados. Había algo en ella que lo intrigaba, una fuerza silenciosa que contrastaba con la aparente resignación de los demás. ¿Podría prepararme otro café?”, preguntó Gabriel cuando llegó su turno.
“Por supuesto”, respondió Beatriz, pero esta vez lo miró con más atención. “¿Está seguro de que es su primer día? Me parece familiar.” Gabriel sintió un momento de pánico. “Tengo una de esas caras comunes.” Bromeó porzando una sonrisa. Beatriz no pareció convencida, pero no insistió. Mientras preparaba el segundo café, Gabriel notó que sus manos temblaban.
Ligeramente había algo que la estaba perturbando, algo más allá del cansancio general que parecía afectar a todos. ¿Está bien?, preguntó Gabriel genuinamente preocupado. Beatriz lo miró fijamente, como si estuviera evaluando si podía confiar en él. Después de un momento que pareció eterno, tomó una decisión que cambiaría todo.
“Necesito hablar con alguien”, susurró mirando alrededor para asegurarse de que nadie más pudiera escuchar. Pero no aquí es demasiado peligroso. Gabriel sintió su corazón acelerarse. Peligroso. ¿Qué quiere decir? Hay cosas que están pasando aquí que el dueño necesita saber. continuó Beatriz en voz baja. Pero si Roberto se entera de que alguien está hablando, no terminó la frase, pero no necesitaba hacerlo. La implicación era clara.
Había consecuencias serias para quienes se atrevían a hablar. Gabriel se inclinó hacia adelante, sintiendo que estaba a punto de descubrir algo crucial. ¿Qué tipo de cosas? Beatriz miró nuevamente a su alrededor, claramente nerviosa. Luego, con un movimiento rápido y discreto, deslizó una pequeña nota doblada junto con la taza de café. “Lea esto cuando esté solo”, susurró.
“Y si realmente le importa esta empresa, encuentre una manera de hacer que llegue a las manos correctas.” Gabriel tomó la taza y la nota, sintiendo como si estuviera recibiendo dinamita. Sus dedos temblaron ligeramente mientras guardaba el papel en su bolsillo.
¿Cómo puedo contactarla si necesito más información? preguntó. Venga mañana a la misma hora respondió Beatriz. Pero tenga cuidado. Si Roberto sospecha algo, no podré ayudarlo más. Gabriel asintió y se alejó del mostrador, sintiendo el peso de la nota en su bolsillo como si fuera una piedra ardiente. Encontró un baño privado en el primer piso y con manos temblorosas desdobló el papel. Lo que leyó lo dejó sin respiración.
Señor Mendoza, sé que usted no me conoce, pero trabajo aquí desde hace tiempo. Roberto Vázquez está destruyendo su empresa desde adentro. está despidiendo a los mejores empleados y quedándose con aquellos que le deben favores.
Está vendiendo información confidencial a la competencia, pero lo peor es que está amenazando a quienes intentan denunciarlo. Necesito hablar con usted personalmente. Tengo pruebas de todo. Si no actúa pronto, no quedará nada que salvar. Una empleada que aún cree en esta empresa. Gabriel leyó la nota tres veces, cada lectura aumentando su shock y su furia.
Su empresa, su sueño, estaba siendo saboteada desde adentro por alguien en quien había confiado completamente, pero había algo más que lo perturbaba profundamente. Beatriz había escrito señor Mendoza en la nota. Lo había reconocido a pesar de su disfraz y aún así había decidido arriesgarse a entregarle esa información. El valor de esa joven empleada lo impresionó tanto como la traición de Roberto lo enfureció.
Gabriel dobló cuidadosamente la nota y la guardó en su billetera junto a su corazón. Sabía que su vida y la de su empresa nunca volverían a ser las mismas. Mientras salía del edificio por la misma puerta lateral que había usado para entrar, Gabriel ya estaba formulando un plan, pero primero necesitaba más información y para eso tendría que regresar al día siguiente.
Lo que no sabía era que Roberto Vázquez ya había notado la presencia del nuevo empleado y que las cámaras de seguridad habían captado su conversación con Beatriz. La batalla por el alma de Minoros. Empresas Mediterráneo apenas había comenzado. Gabriel pasó la noche en vela, dando vueltas en su cama mientras procesaba todo lo que había descubierto.
La nota de Beatriz estaba guardada en su caja fuerte personal, pero las palabras parecían estar grabadas a fuego en su memoria. Cada vez que cerraba los ojos, veía la expresión de miedo en el rostro de la joven empleada y sentía una mezcla de admiración por su valentía y furia por la situación que la había puesto en peligro.
Al amanecer, Gabriel ya había tomado una decisión. Necesitaba más información antes de confrontar a Roberto directamente. Un movimiento en falso podría destruir las pruebas y poner en peligro a Beatriz y a otros empleados que pudieran estar siendo victimizados. Hola, espero que estés disfrutando de este video.
Soy un poco curioso y me gustaría saber desde dónde estás viendo este video y también qué hora es ahora donde estás. Gracias por ver esta historia. Se vistió nuevamente con la ropa de trabajador común y se dirigió hacia la empresa. Esta vez decidió llegar más temprano para observar la dinámica matutina antes de la hora del café.