El cartel CJNG irrumpió en un funeral — jamás imaginaron quién estaba dentro del cajón

Podía haberte disparado en la cabeza hoy, pero no somos como ustedes. Nosotros seguimos la ley. Tú vas a enfrentar justicia. Vas a pasar el resto de tu vida en una celda recordando que un contador honesto y un viejo policía te ganaron. Los agentes se llevan a los 11 sicarios arrestados. El cuerpo del que intentó resistir se cubre con una sábana. Las cámaras forenses llegan y empiezan a documentar todo.

Carolina Vega entra y va directo hacia Roberto, que todavía está sentado en la primera fila procesando todo lo que acaba de pasar. Roberto, dice Carolina, lo lograste. Los atrapaste a todos. Roberto la mira con ojos que todavía muestran shock. Casi muero otra vez. Carolina sonríe. Casi.

Pero no, porque fuiste lo suficientemente valiente para arriesgar tu vida por algo más grande que tú mismo. Héctor se acerca también ajustándose el traje. Roberto se levanta y le extiende la mano. Comandante, me salvó la vida. Héctor estrecha su mano firmemente. Usted puso la trampa, señor Medina. Yo solo ayudé a cerrarla. Este fue su operativo, su victoria. Roberto niega con la cabeza. No se siente como Victoria, se siente como que apenas sobreviví.

Héctor pone una mano en su hombro. Así se sienten todas las victorias reales, hijo. Las victorias de película se sienten gloriosas. Las victorias de verdad se sienten como alivio de seguir vivo. Y ese alivio es dulce porque significa que ganaste, que sobreviviste, que puedes ver a tu familia otra vez. Al escuchar la palabra familia, Roberto se quiebra.

Las lágrimas que estuvo conteniendo durante horas finalmente salen. Laura, mis hijos, tengo que verlos. Tengo que decirles que estoy bien. Carolina hace una seña y dos agentes traen un teléfono seguro. Roberto marca con manos temblorosas. Laura contesta al segundo tono. Su voz suena asustada. Roberto, ¿dónde estás? La policía vino por nosotros hace 3 horas.

No nos dicen nada, solo que teníamos que irnos de la casa inmediatamente. ¿Dónde estás? Roberto respira profundo. Laura, mi amor, estoy bien. Estoy con la policía. Tengo que contarte algo, algo que he estado ocultando por 12 años. Y entonces Roberto le cuenta todo. Cómo el CJeng lo forzó a trabajar para ellos en 2013, cómo vivió una mentira durante 12 años para protegerlos, cómo finalmente encontró el valor para denunciarlos.

¿Cómo acaba de ayudar a arrestar a 11 sicarios peligrosos? Cómo su vida, su verdadera vida está por comenzar. Laura llora al otro lado de la línea. Llora por los 12 años que su esposo cargó ese peso solo. Llora de alivio porque él está vivo.

Llora de orgullo porque él tuvo el valor de hacer lo correcto, aún cuando era más fácil y seguro quedarse callado. “Te amo”, dice Laura. Siempre te he amado y ahora te amo más porque sé quién realmente eres. Eres el hombre más valiente que conozco. Roberto llora también. Los agentes a su alrededor discretamente se alejan para darle privacidad.

Solo Héctor se queda cerca, guardián silencioso, asegurándose de que el hombre que arriesgó todo esté bien. La conversación dura 20 minutos. Roberto habla con Laura, habla con Daniela, que no puede creer que su padre haya vivido doble vida, habla con Miguel, que está furioso de que el CJNG amenazara a su padre, pero orgulloso de lo que hizo. Es una conversación de lágrimas, de perdón, de amor, de familia.

Cuando finalmente cuelga, Roberto se limpia los ojos. Carolina le da un pañuelo. Va a estar bien, dice. Su familia va a estar protegida. Fiscalía ya tiene todo arreglado. Van a estar en casa protegida por tr meses mientras desmantelamos el resto de la organización. Después pueden decidir si quieren quedarse en Jalisco con nueva identidad o relocalizarse a otro estado. Roberto asiente.

Gracias agente Vega por creer en mí, por darme esta oportunidad. Carolina niega con la cabeza. No tienes que agradecer nada. Tú hiciste lo difícil. Nosotros solo hicimos nuestro trabajo. En las siguientes 3 horas, la funeraria Los Ángeles se convierte en centro de operaciones. Llegó el fiscal general. Llegaron medios de comunicación, llegaron más agentes para procesar la escena.

La noticia empezó a circular. 11 sicarios del CJNG arrestados, incluyendo a el verdugo, uno de los criminales más buscados de Jalisco. Pero la fiscalía no reveló todos los detalles. No dijeron quién puso la trampa. No dijeron que fue un contador forzado quien finalmente tuvo el valor de voltear contra sus captores. No dijeron que un hombre común hizo algo extraordinario.

Lo mantuvieron todo confidencial para proteger a Roberto y su familia. A la medianoche, Roberto fue escoltado a una casa segura en las afueras de Guadalajara. Laura, Daniela y Miguel ya estaban ahí esperándolo. Cuando Roberto entró, los tres corrieron a abrazarlo.

Se quedaron así por largo tiempo, una familia reunida después del día más largo de sus vidas. Esa noche, Roberto durmió por primera vez en 12 años sin pesadillas. Durmió sin miedo. Durmió sabiendo que había hecho lo correcto, aunque le costó todo, y durmió con su familia segura a su lado. Los días siguientes trajeron más noticias.

Los 11 sicarios arrestados empezaron a negociar. 10 de ellos aceptaron declarar a cambio de sentencias reducidas. Dieron nombres, dieron ubicaciones, dieron toda la estructura del CJNG en Jalisco. Durante las siguientes dos semanas, la fiscalía ejecutó 40 arrestos más. Desmantelaron células enteras, decomizaron armas, drogas, dinero.

Fue el golpe más grande contra el CJNG en la historia de Jalisco. Y todo comenzó con un contador que se cansó de tener miedo. El verdugo fue el único que se negó a cooperar. En su interrogatorio solo dijo una cosa, ese viejo y ese contador me ganaron. Eso es todo lo que voy a decir. Su juicio fue rápido. La evidencia era abrumadora.

fue sentenciado a 60 años de prisión, sin posibilidad de libertad anticipada. Cuando le leyeron la sentencia, el verdugo solo asintió. Sabía que era el final. Sabía que iba a morir en prisión y sabía que había sido derrotado por dos hombres que subestimó, un contador asustado y un policía retirado. Dos semanas después del operativo hubo una reunión en la casa segura.

Carolina, Héctor y el fiscal general vinieron a hablar con Roberto. Señor Medina, comenzó el fiscal. Su valentía llevó al arresto de 51 criminales del CJNG. Decomizamos 200 kg de cocaína, 100 armas y 12 millones de pesos. Más importante, salvó vidas. Familias que iban a ser extorsionadas, jóvenes que iban a ser reclutados, negocios que iban a ser saqueados. Lo que hizo cambió Jalisco. Roberto negó con la cabeza.

No me siento como héroe. Me siento como alguien que finalmente hizo lo que debió hacer hace años. Héctor habló. Yo he conocido muchos héroes en 35 años, Roberto. Y te voy a decir un secreto. Ninguno de ellos se sintió como héroe. Los héroes reales son personas comunes que en un momento crítico encuentran valor extraordinario. Tú eres héroe aunque no lo sientas.

El fiscal continuó. Ahora hablemos del futuro. Tiene opciones. Puede quedarse en Jalisco con nueva identidad. Podemos reubicarlo a Querétaro o Aguascalientes con protección inicial y ayuda para establecerse.

O puede entrar al programa federal de protección de testigos con identidad completamente nueva en otro estado. La decisión es suya. Roberto miró a Laura. Ella tomó su mano. Hablamos de esto dijo Laura. Queremos irnos de Guadalajara. Demasiados recuerdos. Demasiado miedo todavía. Pero no queremos programa federal, no queremos escondernos toda la vida, solo queremos empezar de nuevo en un lugar donde nadie nos conozca. El fiscal asintió.

Querétaro, entonces es ciudad segura, tiene buena economía, pueden establecerse bien ahí. Les daremos protección por 3 meses inicialmente, después monitoreo discreto por un año. Si todo va bien y la amenaza disminuye, pueden vivir normal. Y así fue como tres meses después la familia Medina se mudó a Querétaro. Pero ya no eran los Medina, ahora eran los García.

Roberto García, contador independiente. Laura García, maestra. Daniela y Miguel mantuvieron sus nombres, pero cambiaron apellidos. Roberto abrió un pequeño escritorio de contabilidad en el centro de Querétaro. Esta vez sus clientes eran todos legítimos. restaurantes pequeños, talleres mecánicos, tiendas familiares, personas honestas que necesitaban ayuda con sus impuestos y sus números.

Roberto trabajaba con dedicación, con honestidad, con orgullo de cada peso ganado limpiamente. Laura consiguió trabajo como maestra en una escuela primaria. Daniela siguió dando clases en otra escuela. Miguel terminó sus estudios de medicina y comenzó su residencia en el Hospital General de Querétaro. Vivían en una casa modesta en una colonia tranquila.

No tenían lujos, pero tenían paz. No tenían riqueza, pero tenían libertad. Y por primera vez en 12 años, Roberto dormía sin pesadillas. 6 meses después de mudarse, Roberto recibió una carta. No tenía remitente, solo una dirección de retorno. Guadalajara, Jalisco. Roberto la abrió con manos que temblaron un poco. Adentro había una sola hoja escrita a mano con letra que le tomó un momento reconocer.

Compadre, para cuando leas esto ya voy a estar muerto. El CJNG descubrió que fui yo quien te avisó. No me arrepiento. Hiciste lo correcto. Yo hice lo que pude para compensar una vida de errores. ¿Te acuerdas cuando teníamos 10 años y juramos ser amigos siempre? Tú cumpliste ese juramento.

Yo lo rompí cuando entré a este mundo, pero al final pude ser tu amigo una última vez. Cuida a tu familia, vive la vida que yo nunca pude vivir. Y de vez en cuando acuérdate del niño que jugaba contigo en las calles de Analco antes de que todo se echara a perder. Tu compadre que te quiso siempre, Julián. Roberto lloró leyendo esa carta.