El cartel CJNG irrumpió en un funeral — jamás imaginaron quién estaba dentro del cajón

Son las 7:34 de la noche cuando tres camionetas negras se estacionan frente a la funeraria Los Ángeles en Guadalajara. 12 sicarios del cártel Jalisco. Nueva generación bajan armados con un solo objetivo, encontrar a Roberto Medina, el contador que los traicionó. Lo que estos hombres del CEJO TNG no saben es que acaban de morder la isca más peligrosa de sus vidas, porque dentro de ese caión cerrado no está quien ellos imaginan.

Roberto Medina tiene 58 años y lleva 12 viviendo una mentira. Cada mañana se despierta en su casa modesta del barrio de Santa Tere en Guadalajara, besa a su esposa Laura y se va a su pequeño escritorio de contabilidad en el centro de la ciudad.

Para sus vecinos, para su familia, para el mundo entero, Roberto es un contador común, un hombre gris de lentes gruesos y cabello canoso que ayuda a pequeños comerciantes a llevar sus cuentas. Pero hay algo que ni su esposa ni sus dos hijos saben, algo que Roberto carga como una piedra en el pecho desde 2013.

Roberto Medina no es solo un contador, es el cerebro financiero del cártel Jalisco Nueva Generación. Todo comenzó una tarde de octubre de 2013. Roberto estaba cerrando su escritorio cuando cuatro hombres entraron. No tocaron la puerta. No preguntaron si podían pasar, simplemente entraron con esa seguridad que solo tienen los que nunca han escuchado un no en sus vidas.

El líder, un hombre de 40 años con cicatriz en el cuello, cerró la puerta con llave y sonrió. Roberto, trabaja para nosotros o tu esposa Laura y tus hijos Daniela y Miguel van a desaparecer esta noche. Así de simple, así de directo. Roberto preguntó qué querían. La respuesta fue clara. Necesitamos alguien que sepa mover dinero sin dejar rastro.

Alguien inteligente, alguien con familia que perder. Roberto aceptó porque un padre hace lo imposible por proteger a sus hijos, pero nunca imaginó que ese sí iba a convertirse en una condena de 12 años. Durante más de una década, Roberto Medina lavó millones de pesos para el CJNG, creaba empresas fantasma, movía dinero entre cuentas offshore, hacía que el dinero de la droga pareciera ganancia legítima de restaurantes, gasolineras, constructoras.

Conocía todo, los nombres de los líderes, las rutas del dinero, los políticos que recibían sobornos, los jueces que cerraban ojos, los comandantes de policía que avisaban de operativos. Roberto Medina sabía tanto que podía destruir el cártel entero con una sola llamada, pero nunca lo hizo porque cada vez que pensaba en hablar recordaba las palabras de aquel hombre con la cicatriz.