El corazón de una mujer tiene una estructura microscópica, función y composición estructural diferentes a las del corazón de un hombre.
Latidos cardíacos
5. Las mujeres tienen una frecuencia cardíaca en reposo más alta que los hombres. También suelen tener una presión arterial más baja. Esto se debe a que, en lo que respecta a la función autónoma del corazón, que genera y regula los latidos, las mujeres tienen un mayor control, a través del nervio vago, en la respuesta simpática a la función cardíaca en comparación con los hombres.
Sin embargo, sus corazones tardan más tiempo entre la contracción y la relajación. Esto se debe a la acción de la testosterona durante la repolarización ventricular. Esto se puede observar por el aumento de la duración de un intervalo específico (llamado intervalo QT) en un electrocardiograma (ECG). Esto aumenta el riesgo de que las mujeres desarrollen arritmias causadas por ciertos medicamentos. No obstante, la evidencia científica sugiere que tanto la progesterona como la testosterona protegen contra las arritmias en las mujeres, mientras que el estrógeno puede aumentar la susceptibilidad a las alteraciones del ritmo cardíaco. Desde una perspectiva funcional, las hormonas sexuales intervienen en la regulación de la homeostasis del calcio, lo que genera diferencias sexuales en la vía de excitación cardíaca y en la contracción cardíaca.
6. Consumo de oxígeno y glucosa. Existen diferencias sexuales en el consumo de oxígeno y la utilización de glucosa (metabolismo miocárdico) del miocardio. Esto está directamente relacionado con la función cardíaca. Se ha demostrado que el estrógeno, una hormona femenina, reduce la utilización de glucosa por el miocardio, lo que significa que el corazón de la mujer tiende a utilizar ácidos grasos (en lugar de glucosa) para la producción de energía, en comparación con el del hombre. Esto podría explicar parte del efecto protector del estrógeno sobre el corazón femenino. Se sabe que, gracias a las hormonas femeninas, el corazón de la mujer está mejor protegido que el del hombre.
Estudios recientes también han encontrado diferencias sexuales en la adaptación metabólica entre atletas de resistencia, donde tanto hombres como mujeres experimentan una reducción de la grasa corporal, un mayor consumo de oxígeno y un aumento de la masa ventricular izquierda después de diferentes períodos y con distintos grados de entrenamiento.